Hablar, escuchar, entender, comprender

Hemos sido bendecidos con un regalo muy preciado mis amigos: el don de hablar. El don del lenguaje. El don de ser capaz de expresar nuestros sentimientos, emociones, ideas o planes en algo llamado palabras. Pero, por desgracia, al igual que con todos los regalos, el uso excesivo puede conducir a resultados inesperados.

Hablar y escuchar de manera equilibrada son imprescindibles en nuestro mundo. El ruido de las palabras inútiles que muchos de nosotros decimos en un intento de obtener un control sobre la atención de otra persona, crea una niebla espesa que hace que sea muy difícil de entendernos realmente. Irónicamente, cuanto más hablamos, menos somos capaces de comunicarnos.

Veamos estos seis beneficios de hablar menos y escuchar más y mejorar la manera de comunicarse con el mundo.

Piensa antes de hablar

Tan obvio, sin embargo, tan poco usado. Bajo el impulso de “ser protagonista”, de hablar antes que el otro pueda hacer sus movimientos, a menudo abrimos la boca sin saber realmente lo que vamos a decir. A veces improvisamos y puede que resulte bien. Pero la mayoría de las veces, sólo decimos palabras al azar sobre un tema, sin ninguna contribución de calidad a la conversación. El resultado: en realidad, nadie nos escucha.

Toma una respiración profunda antes de responder, no importa lo “urgente” que pueda ser la respuesta. Piensa por un tiempo. Ten en cuenta el pensamiento de que tienes realmente muchas opciones, no sólo una. Reflexiona y tu respuesta, no sólo será bien pensada, sino que, la gente se sentirá más inclinada a escucharte.

Escuchar antes de sacar conclusiones

Una vez más, la “necesidad de velocidad” de nuestro mundo actual a menudo nos obliga a simplificar nuestras interacciones, hasta el punto que se vuelven inútiles. Sobre la base de sólo unas pocas palabras, o un par de frases, se suele crear una perspectiva sobre alguna cosa o alguna persona, que puede ser simplemente inexacta porque no nos tomamos el tiempo para escuchar.

Escuchar, realmente significa no sólo dar a la otra persona el tiempo para terminar su discurso, sino también el ejercicio de “tomar prestada” su perspectiva. Escuchar significa tratar de ver las cosas desde su punto de vista.

Limítate a lo que es importante

La infame “sobrecarga de información”, creada por la revolución de Internet, no se trata de la cantidad de la información disponible por ahí; sino simplemente sobre la relevancia de ésta. Cada vez que actualizas tu muro de Facebook, o publicas en un blog, o simplemente abrir la boca para decir algo, puedes añadir más a la niebla. ¿Alguna vez te has puesto a pensar si lo que vas a decir es realmente tan importante? A veces, el silencio realmente vale oro…

Con demasiada frecuencia, la verdadera razón por la que tanto hablamos es simplemente para escuchar nuestras voces, no importa si hacemos esto en voz alta, al escribir correos electrónicos o actualizar nuestro Twitter. Imagínense cómo sería el silencio por ahí, si pudiéramos limitarnos sólo a lo que es realmente importante.

Llegar a conocer mejor a los demás

Y eso significa hacer cosas juntos, no sólo hablando de cosas juntos. Salir a caminar, ver la puesta de sol juntos, en silencio, jugar un juego, o tener una comida. Te propongo algo: en una comida, por ejemplo, quédate en silencio contemplando a la otra persona, presta atención a lo que dice y mientras escuchas, observa su boca, sus gestos, si se toca el cabello, los movimientos de sus manos, como se lleva la comida a su boca, como actúa su cuerpo; verás que en muy pocos segundos, tu descubrirás muchas cosas de esa persona, pero también, en cuanto la persona se dé cuenta de lo que haces, automáticamente, te pregunta una de dos cosas ¿qué miras? O ¿por qué me miras así?

Todas estas son medidas que, además de la principal ventaja de disfrutar de la vida, tienen también un resultado secundario, muy importante, ya que ayudan a comprender mejor a otras personas.

Crear una realidad mejor

Cuando se habla menos, se hacer más. Es obvio. Tu enfoque cambia de hablar al hacer. Mientras que hablar y expresar tus sentimientos es importante, “hacer” es igualmente importante. Si pudiéramos abstenernos de hablar durante 5 minutos al día, en un mes habremos ganado 30 días x 5 minutos = 150 minutos, 2 horas y media para hacer algo por sí mismo.

¿Qué harías con este tiempo?

Lo que quieras, por supuesto. Puedes ir al gimnasio, cocinar para tu pareja, artesanías, algo en el garaje, entrenador de alguien, ayudar a un vecino, lo que sea. Mientras que tu objetivo sea hacer del mundo un lugar mejor, “haciendo” siempre ganará por sobre “hablar”.

Escribe más

Todavía es una forma de expresarse, pero tiene algunas ventajas sobre la palabra hablada. Si se escribe, se es más responsable. Las palabras escritas duran más que las palabras habladas. Además, se aclara la mente sin la ayuda de otra persona. Escribe en un diario o los blogs, siempre y cuando siguas la regla número uno de esta lista, “pensar antes de hacerlo”.

Y cuando estás escribiendo, algo muy interesante va a pasar: que te verás obligad@ a “escuchar” a ti mismo. Te encuentras expuesto a tus propios pensamientos y emociones. Te llegas a conocerse mejor o, para ser más precisos, comenzarás a descubrir quién eres.

Nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender, sino que escuchamos para contestar.

Ama tu vida!

Gabriel de Amar la Vida
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Gabriel de Amar la Vida

Coach Personal (de Vida y Espiritualidad) at Amar la Vida
Buscador incansable de la verdad filosófica de la vida y la Divinidad desde el año 2006, hoy escribe en su blog http://www.amarlavida.com, sobre las energías que nos rodean, la realidad en la que estamos inmersos y las verdades, desde su punto de vista, de todo lo que va descubriendo en su camino.
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